6 de junio de 2014

Los Gemelos Otavio y Gustavo Pandolfo, Desapercibidos, Jamás!


DÍA 157: 

Vivimos en un sueño las veinticuatro horas del día, y a través de nuestras creaciones materializamos lo que hemos encontrado dentro de ese mundo onírico.
Otavio y Gustavo Pandolfo

En cuenta regresiva para el Mundial de Futbol 2014, son muchas las noticias que aparecen. No tan solo de los Equipos, las quinielas, ciertos jugadores, el “Himno”, sino temas que están alrededor del gran evento. Algunas positivas, otras no tanto…

Nuestro objetivo es invitar e inspirar a Hacer la Diferencia, consideramos imprescindible conocer las distintas aristas de las situaciones. Es por ello que nuestras notas variaran, entre las alegres y positivas, y aquellas que muestran caras de la moneda, menos gratas, si, pero que también forman parte de la realidad alrededor del Mundial 2014.

Hoy, en 365 Días de Valentía Moral, haremos referencia a la obra de los gemelos, Otavio y Gustavo Pandolfo, artistas Grafiteros del arte contemporáneo, y responsables de la “decoración” del flamante avión, recientemente “presentado en sociedad” , en Brasil, y que transportará a la selección anfitriona del Mundial 2014.


Otavio y Gustavo, nacieron en 1974, en Sao Paulo, ciudad por la que sienten un gran arraigo. Crecieron en la escena brasileña del breakdance, empapándose durante su adolescencia y etapa formativa del hip hop y de la cultura dj de los años 90. Estas influencias han tenido una importante repercusión en su trabajo, desde el momento en que se embarcaron en su viaje creativo.

Las obras de los famosos gemelos, reconocido mundialmente, incluyen desde murales, frescos, pinturas, esculturas, hasta trabajos artísticos donde combinan música y danza.

Definitivamente, el avión que llevará de sede en sede a la Selección de Brasil, no es una noticia que pasa inadvertida.

Desde el punto de vista de la antropología, se evidencia una cultura brasilera que tiene gusto por la apertura mental, el goce, uso y disfrute de la explosión de colores, formas, símbolos y ritmos diarios; es como una puja por vivir en un crisol - negándose a ver todo en blanco y negro - en el cual es posible apreciar la diversidad de Brasil, además de sus íconos e imaginario cultural, que jamás pasa desapercibido. Es movimiento.

Para Otavio y Gustavo, se trata de aprender a sobrevivir, abriendo ventanas con realismo, alegría y optimismo, muy similares a los ambientes donde se criaron.

Sus obras ya han sido exhibidas en Estados Unidos, Alemania, Grecia, Cuba e Inglaterra, lugar donde una de sus pinturas adornó en 2008, la fachada del museo Tate Modern durante la muestra Street Art.

No obstante su fama internacional, siguen viviendo en su ciudad de siempre, y a la que describen como “una metrópoli llena de contrastes”. Para ellos, Sao Paulo los ha convertido en los artistas que son hoy en día: “Crecimos jugando en las calles y aprendimos mucho gracias a ello. Mientras estás jugando al fútbol ves a otra persona haciendo un grafiti, otra bailando break dance y a la vez otra persona haciendo juguetes de madera. En este contexto, uno aprende a improvisar”. Y así lo hicieron: improvisaron.

Estos artistas definen su evolución artística como un experimento en curso cargado de inspiraciones inexploradas hasta ahora. Para ellos es como “Abrir una Ventana”. ”Tienes que encontrar una ventana. Ábrirla. Luego debes buscar otra ventana y abrirla también. Para nosotros, la vida es eso, ir abriendo ventanas continuamente”.

Estas ventanas hacen referencia al espacio etéreo donde viven estos gemelos. “Vivimos en un sueño las veinticuatro horas del día y a través de nuestras creaciones materializamos lo que hemos encontrado dentro de ese mundo onírico”. Creen que “es más interesante que la gente sea capaz de ver por sí misma sin tener que explicarles lo que tienen que ver, eso hace volar la imaginación”.

Los gemelos Otavio y Gustavo han hecho la Diferencia al hacer arte desde las raíces de su Ser brasileros, desde las experiencias diarias de sus dinámicas de vida en la casa, la comunidad, la calle…venciendo la inercia de las dificultades y atreviéndose a abrir ventanas de colores, sueños, ritmos y danzas que exaltan la alegría de vivir trascendiendo.


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